miércoles, 16 de diciembre de 2009

Artículo de Francisco Cenamor sobre el poemario del poeta chileno Raúl Zurita 'Cuadernos de guerra', editado por Amargord Ediciones


Una ensoñación. No, mejor, varias ensoñaciones que se entrelazan creando una atmósfera de desesperada vivencia humana. Esa sería una de las posibles descripciones del nuevo poemario del poeta chileno Raúl Zurita Cuadernos de guerra, editado en 2009 por Amargord Ediciones, dentro de su colección 'Transatlántica'.
   El mundo siempre está en guerra y esta sucede en Santiago de Chile. Da igual que sea el desembarco de Normandía, el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki o alguna revuelta popular, o la represión más despiadada de alguna dictadura: todo sucede junto a las costas pacíficas de Chile.
   Elaborado hasta con once pequeños libros, pinceladas de ensoñación poética que indagan en una manera surrealista de acercarse a la poesía. El mar abriéndose violentamente en los recuerdos de infancia de Santiago, la violencia social recorriendo sus calles, abriéndola. Vivimos a través de la poética de Zurita en una ciudad derruida, en cualquiera de las ciudades que son Santiago.
   La realidad y el sueño se confunden, en ocasiones necesariamente: si la realidad es tan dura, recurramos a los sueños. Beethoven, su música, no es más que el sueño de un preso sordo, torturado, que huye y hace huir a sus compañeros de la realidad. Una conmovedora huida de la realidad. Pero, ¿huimos realmente? No, Raúl Zurita, entre ensoñaciones, nos muestra realmente el lado oscuro del acontecer humano: ni tan siquiera los sueños nos sirven para escapar.
   Narratividad, imágenes desoladoras, ironía incluso en esta Historia Universal que es la historia de Santiago: Auschwitz está en América; por eso llegamos a América y llegamos, pues, a Auschwitz. La guerra impregna la vida cotidiana que se asemeja a escenas de literatura fantástica. Vivimos en una guerra permanente.
   La sensación de atemporalidad que crea Zurita es total: cualquier acontecimiento ha podido pasar en cualquier momento, incluso hace miles de años, incluso hoy, o tal vez la Segunda Guerra Mundial sea dentro de unos decenios.

   El sujeto poético podría ser un soldado estadounidense, o un inmigrante que marchando a América llega a Auschwitz, o un represaliado político, torturado, que recuerda su infancia en Santiago y su infancia en Hiroshima antes de la catástrofe. Eso sí, todos están muertos, o tal vez han muerto dentro de unos años.
   Se trata, sin duda, de un poemario muy bien urdido, alejado completamente de cualquier poesía del yo hedonista y sin concesiones a la cultura del espectáculo que también está afectando a la poesía. Un poemario en el que cada elemento juega un papel en el poema que, en sí mismo, es el conjunto del libro.

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