martes, 25 de noviembre de 2008

‘Mirar la muerte con ojos de niño’, un artículo de Francisco Cenamor sobre el libro ‘Óscar y Mamie Rose’, de Eric-Emmanuel Schmitt


Hay realidades muy duras para los seres humanos. Algunas se producen en situaciones históricas concretas. Otras, nos acompañan solamente por el hecho de haber nacido. Dos de ellas, irremediablemente unidas en ocasiones, son la enfermedad y la muerte. Que nos parecen más duras cuando son niños o jóvenes quienes las padecen.
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Óscar y Mamie Rose (Ediciones Obelisco, Barcelona, 2006, trad. de Alex Arrese), del escritor francés Eric-Emmanuel Schmitt, es la historia de un niño aquejado de leucemia que vive en un hospital. Poco a poco va tomando conciencia de su propia realidad, de la presencia constante de la muerte.

El niño, Óscar, encontrará un gran consuelo a su angustia en una mujer mayor que se dedica a visitar niños enfermos en los hospitales, Mamie Rose, un personaje misterioso y casi fantástico que propone a Óscar que cada día, antes de acostarse, escriba a Dios contándole su vida diaria para así calmar su angustia. También puede pedirle un deseo antes de dormir. Son pues estas cartas las que iremos leyendo y en las que Óscar comienza a hablarnos de cómo se sitúa frente a la muerte.
   Por su parte, Dios, encarnado en la figura de Cristo en la cruz, guarda silencio. La narración, lejos de entrar en debates teológicos, nos muestra los recovecos que utilizamos los humanos para tratar de buscar el consuelo, tan necesario a veces para no volverse loco de angustia. Y Mamie Rose, precisamente, le muestra a Óscar, ateo por familia y por decisión propia, un Dios en quien se puede confiar, cercano, cariñoso, muy alejado de las visiones de Dios que desde los sectores más conservadores y ruidosos se nos trata de imponer, demasiadas veces por la fuerza.
   Eric-Emmanuel Schmitt nos introduce en un asunto muy difícil, la presencia de la propia muerte, a través de los ojos de un niño. Situados ante ella, descubriremos la fragilidad del ser humano y, por tanto, la sinrazón de muchos de sus anhelos y delirios. Óscar descubrirá, junto a los entrañables personajes que pueblan el hospital, que lo que de verdad tiene sentido en su vida es la amistad, el amor, el juego, la aventura, la presencia emocionante de la naturaleza.
   No es fácil para un creador ponerse en la piel de un niño. Siempre corre el riesgo de ridiculizarlo, hacerlo estúpido en vez de infantil. Creo que en la forma de narrar de Schmitt podemos descubrir un niño de verdad, aunque con esa madurez que vemos en los niños que pasan por situaciones difíciles. Madurez que, en ocasiones, nos estremece.
   Eric-Emmanuel Schmitt nació en Francia en 1960. Escritor principalmente de teatro, ha conseguido ser el autor francés más representado en la actualidad, dentro y fuera de su país. Óscar y Mamie Rose forma parte de la Trilogía de lo invisible, de gran éxito en todo el mundo, que incluye Milarepa y la muy conocida, y llevada al teatro y al cine, El Señor Ibrahim y las flores del Corán.
Francisco Cenamor

5 comentarios:

  1. Me parece que al final esta historia te ha gustado.
    Me alegro.
    Besos

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  2. Pero mucho, mucho, mucho, mucho. Conmovedora.

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  3. Hola Francisco, pasaba por tu blog y noté que has quitado el enlace a revista MS, justo ahora estoy con lo de las reseñas que tengo pendientes para empezar a agregar contenido, así que me gustaría saber si te interesa seguir dentro del proyecto.

    Por favor contesta dentro del blog de la revista.

    Un saludo.

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  4. Oscar y Mamie Rose es una narracción deliciosa. Para mí la moraleja de la historia es que cada uno somos nuestro propio Dios, que Dios está dentro de nosotros y somos nosotros mismos los que le tenemos que dar vida. Es algo así como tener fé en uno mismo.
    En el caso de Oscar y mamie rose se habla del cristianismo, pero en el caso de las otras dos narraciones que conforman la trilogía, se habla del islamismo y del hinduismo. la conclusión es la misma: la religión por sí sola no dice nada al corazón. Son los valores (possitividad, mirar al futuro cada día con optimismo, asumir errores y fatalidades como parte de nuestra existencia, estar dispuesto siempre a disfryutar al máximo de cada segundo de vida) los que nos mueven, los que nos hacen ser nuestro propio Dios.
    Abrazos

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