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Suerte ha tenido Del Pliego al tener como prologuista a Marcos Canteli, que ha sabido desgranar con sabiduría su poética. Por él nos enteramos de que se trata de un libro de retazos, de reescritura de algunos de sus primeros textos publicados; una reescritura reflexión sobre qué tenía de poético aquello que se escribió entonces y si esto sigue funcionando ahora. Como dice el propio Canteli “de ahí, quizá, la numeración discontinua que siguen las series”.
En esa reescritura, Del Pliego se interroga (y nos interroga) en torno al hecho mismo de escribir poesía, y cuál es entonces la relación entre la realidad y el lenguaje: “La lengua cantó lo que, de no ser verdad, merece serlo”. Reflexión constante en la primera sección del poemario titulada ‘A’ y que retoma en pequeñas gotas en la segunda sección: ‘AA’. Por cierto, que esta sección escenifica muy bien esa Merma en la condensación del texto y el uso de la palabra precisa, con poemas cada vez más cortos, y en ese contar hacia atrás de la numeración de sus series.
Se impone, por tanto, una lectura pausada en la que merece la pena tratar de significar cada palabra, con el fin de disfrutar mejor de la poesía de Benito del Pliego. Con un lenguaje aparentemente atemporal, utiliza también palabras símbolo de la ciudad moderna, pero, a pesar del uso de estas palabras, huye del lenguaje coloquial usado de manera mayoritaria en la poesía joven actual.
Una gran riqueza de vocabulario para una poesía que rescata lo interior, lo oculto, lo inasible, el misterio…, para mostrarlo, aunque se dude en el poemario de si las herramientas de las que dispone el poeta sirvan realmente para ello: “No puede decir sino que en nada de lo dicho se encuentra”. Yo creo, honestamente, que Merma lo consigue: “El sentido se abisma: claridad”.
Tanto por el tono como por la forma, el poemario nos traslada a una poesía de tintes orientales en la que se utilizan ideas, y palabras que crean imágenes que las nombran. Las sensaciones que el libro provoca en el lector o lectora, tratan de mantenerse más allá del mismo: una vez hecho el esfuerzo de la reescritura por parte del autor, una vez concluido el poemario por el lector o lectora, surge una pregunta: “Pero, ¿puede cesar lo que alguna vez fue puesto en marcha?”. Mi respuesta es que espero que en el caso de la poesía de Benito del Pliego, no.
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Francisco Cenamor
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enhorabuena cena, un fuerte abrazo. te sigo leyendo.
ResponderEliminarDesde luego, para quienes les guste la poesía en profundidad es un poemario que creo merece la pena.
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