lunes, 14 de noviembre de 2011

Lecturas: 'Y enseguida anochece y otros poemas', de Salvatore Quasimodo (Italia, 1901-1968)

Sin duda, Salvatore Quasimodo (Italia, 1901-1968) es un poeta difícil para sus traductores, sobre todo en los primeros libros, en los que suprimía de manera constante los signos de puntuación e, incluso, los artículos, además de usar la sintaxis a su antojo. Por supuesto, nada de esto era por casualidad, sino para dar sentido al poema. Por cierto, muchos de estos primeros versos son bastante herméticos y rápidamente fue incluido en esa corriente de “poetas herméticos italianos”, en la que fue incluido el ya mencionado en otros artículos Eugenio Montale.
   Me adentro en la poesía de Quasimodo a través de la antología Y enseguida anochece y otros poemas (Ediciones Orbis, Barcelona, 1983, trad. de Carlo Frabetti). Es en los primeros libros donde altera intencionadamente la sintaxis, creando así espacios abiertos y breves en sus poemas.
   El amor, tan efímero como la vida, las escenas naturales que nos remiten, igualmente, a la brevedad de esta, como breves son sus textos primeros, son sus temas fundamentales. Especialmente bellos son los poemas en los que el yo poético se funde con la naturaleza.
   Sobre el hermetismo de estos primeros escritos me gustaría hacer un apunte: deseamos conocer, pero, precisamente, ese deseo de conocer hace que perdamos la percepción del poema, ya que podemos disfrutar de su belleza emocionante en la expresión misma del poema, en el acto de comunicación mediante la palabra, sin necesidad de conocer qué motivó este poema, sin saber qué se oculta tras la confortable penumbra; el poema tiene su valor en sí mismo, más allá de sus posibles significados. Yo, como lector, prefiero dar mi propia interpretación del poema, quiero dejarme llevar, y no tener que estar obligado a emocionarme con lo que me diga el poeta.
   Quasimodo hace gala también de un exquisito gusto por las ensoñaciones, mostradas como descripciones de sueños o visiones, a la manera del Apocalipsis de Juan. La mayoría de estas visiones-ensoñaciones tienen algo de tenebroso. También tiene un gran conocimiento de la mitología griega: sus héroes, sus musas, su universo aparecen en sus versos de manera natural. Alguno de sus libros está dedicado específicamente a esa mitología.
   Pero algo sucede en la vida del poeta italiano: a partir de la Segunda Guerra Mundial sus textos toman un cariz más social; se trata de un cambio importante que, sin caer en el panfletarismo burdo de otros autores, le hace perder, en mi opinión, calidad poética, por mucho que los temas tratados sean más cercanos y claros. Algunos poemas escritos a diversos mártires son incluso un poco ramplones. Por lo demás, lo elegíaco aparece con profusión y el riesgo en el uso de la palabra prácticamente desaparece.
   Entre los temas nuevos aparece con fuerza el del nacionalismo, que va nublando la visión holística que el autor había tenido en sus primeros poemas. Es una poesía más directa, más convencional; eso sí, escrita con mucho oficio, pero, en mi opinión, menos interesante. Sorprende esta regresión poética de Quasimodo; tal vez dejó que cuestiones extrapoéticas influyeran demasiado en su forma de hacer poesía.
   Los poemas se vuelven, poco a poco, más largos y discursivos, desprovistos casi por completo de imágenes. Curiosamente, estos poemas parecen anteriores, por su estilo, a los primeros. O tal vez no sea más que un proceso lógico del paso del entusiasmo juvenil al conservadurismo de la edad adulta... Afortunadamente, una cosa que no cambió a lo largo de su proceso poético fueron sus continuas referencias a la mitología griega y sus sugerentes historias y personajes.
Francisco Cenamor

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