martes, 15 de febrero de 2011

Lecturas: Haroldo de Campos y las vanguardias

Fue Rodolfo Franco, poeta (y más) brasileño afincado en Mérida, quien primero me habló de su compatriota Haroldo de Campos (Brasil, 1929-2003). Más tarde, al profundizar en él, comprendí la ingente y variada creatividad de Rodolfo, que os recomiendo; además, siempre me ha parecido una persona entrañable.
   Mi primer encuentro directo con la poesía de Haroldo de Campos fue a través del libro Galaxia concreta (Universidad Iberoamericana, México, 1999), en el que trata de mostrarse lo que fue el movimiento poético brasileño de la “poesía concreta”. Y lo muestra bastante bien, a través de los manifiestos, artículos, poemas, traducciones y relaciones que mantuvieron los creadores de tal corriente vanguardista: Augusto de Campos, Haroldo de Campos y Décio Pignatari.
   Qué interesante para un poeta actual este movimiento, que fue mucho más allá de la poesía, o llevó la poesía hasta las artes visuales, escénicas e incluso musicales. También desde el punto de vista de la palabra escrita, la aparición de este movimiento supuso un cambio transgresor que, curiosamente, sigue siendo vanguardista más de 50 años después.
   En este libro tuve ya la suerte de dejarme impregnar y sorprender por la gran viveza en el uso de las palabras de Haroldo de Campos, por encima, a mi entender, de los otros dos poetas concretos citados en el libro. Qué disfrute leer sus tres poemas ‘en el salariodiario’, ‘Oda (explícita) en defensa de la poesía en el día de San Lukács’ y ‘call me Ismael’, poemas que compartiré con vosotros y vosotras en la sección “Poema del día”, de este mismo blog.
   Posteriormente, leí la antología Transideraciones (Ediciones El tucán de Virginia, Ciudad de México, 2000, ed. y trad. de Manuel Ulacia y Eduardo Milán). Para Haroldo de Campos, la poesía se sostiene como obra de arte por sí misma, sin necesidad de mensaje, en realidad cree que la propia construcción que es el poema es un mensaje en sí mismo. Estemos o no a favor, no es un asunto baladí el que plantearon los creadores de la “poesía concreta”, pues delimitaron claramente lo que para ellos era y no era poesía; de hecho, bajo este concepto, la mayoría de la poesía directa y de sentimientos, sin apenas construcción, que vemos en cientos de blogs y que tanto predicamento popular tiene quedaría fuera del amparo de la poesía.
   Sus primeros poemas juegan con el lenguaje tomando como referencia el universo simbólico mitológico y barroco. Estos me llegan menos, por propia ignorancia, pues no soy un gran conocedor de la mitología griega o del barroco, aunque algo se: habrá que seguir aprendiendo. Posteriormente su poesía pasa a ser mucho más sonora, visual y con relaciones de palabras sumamente arriesgadas. Esta parte me parece fascinante y, a la vez, muy divertida.
   Como no quiero extenderme pasaré a un asunto que tiene mucho que ver con Haroldo de Campos: las vanguardias poéticas. Siempre las ha habido: sin duda, Luis de Góngora lo era, aunque no se apercibiesen de ello los poetas coetáneos e inmediatamente posteriores y no fuese hasta siglos más tarde que su obra fue apreciada. La misma Generación del 27 española, con vocación de vanguardia, se unifica en torno a la figura de Góngora.
   Es imprescindible conocer las vanguardias para escribir poesía si no queremos perpetuar clichés del pasado, si queremos innovar en la medida de nuestras posibilidades. Por otro lado, éstas no surgen de manera caprichosa, sino por el esfuerzo y conocimientos de personas innovadoras que aprovechan su gran conocimiento de las tradiciones para transformarlas o transgredirlas. Las vanguardias, normalmente denostadas en su momento presente, son laboratorios de experimentación y convivencia entre creadores que nos demuestran, en el arte como en tantas otras cosas, que lo único permanente es el cambio. Más tarde, personas menos vanguardistas, como yo mismo, tomamos prestados sus conocimientos para crear y, de esta manera, les rendimos homenaje y difundimos lo que ellos y ellas mostraron.

Francisco Cenamor

3 comentarios:

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  2. Gracias por esta entrada.
    Precisamente anda uno en fuertes disensiones consigo mismo, y creo que has dado en el clavo de mi pensamiento (¿no es curioso?) cuando afirmas (y por tanto verbalizas lo que siento y no era capaz de decir):

    "Las vanguardias, normalmente denostadas en su momento presente, son laboratorios de experimentación y convivencia entre creadores que nos demuestran, en el arte como en tantas otras cosas, que lo único permanente es el cambio."

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  3. Sí, Amando, no entiendo por qué los movimientos artísticos de vanguardia resultan tan denostados, si al final ellos son los que impulsan el arte. Que hacen cosas que no van a ningún lado?, ya, pero se atreven a hacerlas aún a riesgo de su carrera y su bienestar económico. El resto vivimos de lo seguro, de lo que ha hecho toda la vida y les deonostamos, pero en cuanto nadie mira les robamos cosas sin decir que son de ellos.

    En cualquier caso, hoy, es muy difícil ser vanguardia en poesía, como mucho relacionado con las nuevas tecnologías. Y en España muchos menos, tenemos un atraso poético impresionante: en español es América quien manda.

    Un abrazo.

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