jueves, 7 de octubre de 2010

Milagros Salvador nos habla de 'Dos minutos y medio', el nuevo poemario de Reyes Cáceres Molinero

Escribir un prólogo o presentar un libro, siempre es un motivo de celebración, y aún más, cuando su lectura nos hace recordar aquella frase que Octavio Paz escribió en El arco y la lira, que “un poema no es una forma literaria, sino un lugar de encuentro entre el poeta y el hombre”…, y María Zambrano, con su personal enfoque, nos dice que “el poema es encuentro, don, hallazgo por gracia”, palabras que yo podría ampliar, diciendo que un poemario es también un lugar de encuentro entre el poeta y quien se acerca a sus poemas, y esta es su magia.

   El primer contacto con el libro de Reyes Cáceres es su título, Dos minutos y medio (Editorial Verbum, Madrid, 2010, ilust. de Maruchi Molinero), título que la autora ha elegido, rotundo y sugerente, dos cualidades que lo adornan, y digo sugerente, porque la frase “dos minutos y medio” puede representar un breve plazo de vida que quiere rescatar la poeta, puede ser la referencia a un tiempo de espera, puede ser la intensidad de un tiempo corto que se ha vivido, unido a un recuerdo, a la memoria, y puede ser también un motivo para hacer del tiempo el protagonista del libro. Con toda seguridad, en la intención de la autora ha estado todo esto, y lo ha ido desgranando entre sus versos. Ya en la portada emerge el tiempo con esa imagen del reloj de sol y su expresiva leyenda: “Señalo las horas buenas”.

   En el libro Cinco poetas del tiempo, José Olivio Jiménez nos dice que “el tiempo es el gran tema, el tema central y orgánico de la poesía contemporánea”, pero no sólo contemporánea, se podría decir, ya que velada o no veladamente ha sido un tema de siempre, porque el tiempo es más que un tema, es la impronta de la vida, el eje trasversal de la existencia del hombre, es decir, de nosotros mismos, tiempo que se ha traducido y expresado de diferentes maneras en la poesía de cada época, y este poemario es una muestra de ello, lo que la autora ha conseguido con pasión y oficio.

   La poeta ha querido, también, dar cabida a la memoria de otros nombres, y relacionarlos con nosotros, como un personal homenaje a dos poetas que cumplen su centenario, que también es tiempo, Luis Rosales y Miguel Hernández, a los que dedica sus primeras páginas, con dos poemas de cada uno, y que con este recordatorio, seguramente la autora ha pretendido decirnos que el tiempo, otra vez el tiempo, no afecta a la buena poesía, o dicho de otra manera, que hay poesía de siempre.

   El tiempo, al ser el eje vivencial de nuestra existencia, y vertiente connantural del ser humano, permite un matiz lírico que la autora ha evidenciado en los títulos 'Jardines de Humo' y 'Reliquias de un amor completo', correspondientes a las dos partes en que ha dividido su libro.

   Poesía y tiempo otra vez juntos, así son los poemas que nos presenta Reyes Cáceres en su poemario, fundamentalmente poemas cortos, la mayoría no sobrepasan los 13 versos, suficientes para mostrarnos la intensidad poética con la que la autora consigue emocionarnos, y tratándose de poesía, también podríamos decir conmovernos o conmocionarnos.

   El primer poema es el que da título al libro, y también nos da algunas de las claves de su interpretación, así que leemos:

…dos minutos y medio.
Apriétalos con ansia,
como atrapas el día o la noche,
para que no se escapen.

   El día y la noche, es decir la vida entera, como si la fuerza de retener fuese suficiente para que la vida no pasase a ser memoria, otra de las claves del libro, aceptando que el acercarse a la expresión poética exige al lector algunas reflexiones personales.

   Es verdad que la poesía trasciende el lenguaje, pero no olvidemos que además se nutre del lenguaje, y este debe ser la primera apreciación de un poemario. Recordamos otra vez a María Zambrano, que en su interesante libro Filosofía y poesía, nos dice con sus irremediables palabras: “El poeta en su poema crea una unidad con las palabras, esas palabras que tratan de apresar lo más tenue, lo más alado, lo más distinto de cada cosa, de cada instante”. Y es precisamente esa palabra, 'Instante', la que Reyes Cáceres rescata para el título de uno de sus primeros poemas, precisamente el segundo, y que en un bello verso nos dice:

El instante es un tiempo transparente,
vendaval
con nombre de niño y prisa por morir.”

   Y sólo en tres versos, toda la esperanza y tragedia de la minúscula esencia de ese relámpago temporal que es un instante.

   Las imágenes van aflorando en el libro, y digo aflorando, porque se van asomando desde el filón poético a la superficie del poema, recogidas al amparo del ritmo que exigen los versos.

   Reyes Cáceres ha elegido un lenguaje cuidado, preciso, lírico sin “almibaramiento” posible, transparente para que fluya el poema con facilidad, con aparente facilidad, porque la idea, la emoción que quiere comunicar es demasiado importante para la poeta, y no pude dejarse sólo al vaivén del lenguaje puramente estético.

   Un acierto que quiero destacar que mantiene todo el poemario, es la relevancia de los primeros versos de los poemas, en mi opinión, que cumplen la misión de inducirnos a su lectura, la responsabilidad del primer verso de invitarnos a seguir, a despertar el interés. Por citar algunos: “El tiempo se desliza lamiendo los relieves”, “Alguien vive la vida junto al viento” , “La noche se esconde de la noche”, “El mar no caduca aunque su imagen…”, ”La tardanza es amor que se dilata”, o este tan poderoso de “Hay preguntas sin dueño”, o el tan sugeridor de “Volví la cabeza” ¿y? se pregunta el lector. Y todos ellos conjugando lirismo y sorpresa.

   Otro acierto es el uso de la adjetivación. Sólo señalo como muestra: “blanco lunar”, “voz granate”, “huecos intangibles”, “piel agazapada”, “fértil precio”, “ingenua llamita”, “balcón emergente”, “ardiente misterio”, “blancos siglos”… Aciertos que nos muestran las posibilidades de los recursos que la autora emplea en su lenguaje.

   El tiempo se aborda en sus diferentes aspectos , como hemos dicho anteriormente, y los títulos de los poemas dan muestra de ello, sobre todo en la primera parte del poemario, 'Fecha de caducidad', 'Tardanza', 'Perfiles del presente', 'Memoria', 'Los adioses', 'Tiempo líquido', incluso en su vertiente material, como en 'El reloj de la plaza'.

   En la segunda parte del poemario, tenemos la impresión de que los poemas se personalizan más, y los pronombres personales adquieren una mayor relevancia o una entidad propia: “tu mano”, “tu voz”, “tus andares”, “tu anhelo", "tu rostro”, “tu crudo paisaje”, “tu infancia”, “tu andadura”; empleo de la segunda persona, que reclama la voz de un Yo, que resume:

Dibujar en tu mano
mi voz granate, 
...........
porque de los paisajes ya te encargas tú

   Tiempo, antes y después, sentir en el futuro, pero rescatar la memoria, nuestro currículum silencioso que no por silencioso debemos ignorar, porque para Reyes Cáceres “Memoria es besar la estrecha cinta / que nos ciñe al pasado”.

   Lirismo inteligente de un interesante poemario, donde el lector no deberá dejarse engañar por el título, Dos minutos y medio, ya que necesitará leerlo con tiempo y merece mucha más atención.

   Me permito felicitar a Reyes Cáceres, y a los lectores que puedan acercarse a la lectura de su obra.


Reyes Cáceres Molinero, madrileña. Periodista y escritora. Ha trabajado en el periódico Levante, de Valencia. Coordinó en su inicio la sección de 'Arte' de la revista cultural Contrastes. Ha dirigido gabinetes de comunicación en colaboración con diversas entidades culturales. En 2007 publicó el poemario Vivir en ámbar en la Editorial Verbum; en 2009, Goya y las voces del alba, en Sial Ediciones. Finalista en el Concurso de poesía 'Jirones de azul' 2007. Microrelatos y poemas suyos aparecen en diversas antologías.

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