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jueves, 17 de mayo de 2012

Lecturas: "Libro de precisiones", de Miguel Ángel Contreras (España, 1968)


Una apuesta valiente la de Miguel Ángel Contreras al titular su poemario Libro de precisiones (Bartleby Editores, Madrid, 2012). Pocas cosas hay en poesía tan difíciles como la precisión en la palabra; pero cuando se intenta, generalmente sucede lo que sucede en este poemario: los poemas merman, se vuelven esenciales.
   Contreras ha preferido no engañar a nadie, y nos introduce en su libro con un texto poético en prosa que nos anuncia el descenso a lo oscuro, a lo subterráneo, al desierto que, más tarde, aparecerá como metáfora de la realidad convencional. Y ese desierto, el autor lo encuentra en la ciudad que debería haber sido de acogida. Lejos de adoptar una postura victimista (tan habitual entre los versificadores) nos advierte de que siempre existe un jardín (metáfora tan usada como clara) donde refugiarse.
   En su peregrinar, el sujeto de la poesía de Miguel Ángel Contreras descubre que en el desierto no hay más que arena y calor, y traslada a otras ciudades la búsqueda para encontrar nuevos desiertos. Con un lenguaje sencillo, pero amplio y envolvente, el libro cumple con el objetivo de sumergirnos en la desolada vida en la ciudad, creando un desierto metafórico de palabras. Esto le da al libro un carácter de obra global, en el que cada poema es una parte del todo y, a su vez, el todo está contenido en cada poema, una especie de partitura musical con diversos movimientos. Para ser precisos, diría que se trata de un libro elaborado a base de fragmentos.
   El texto de Contreras es breve, no necesita más, de haberlo ampliado, sería, seguramente, redundante. Afortunadamente, la editorial ha apostado por su publicación, sin ver un obstáculo en esa brevedad (no sería la primera vez que una editorial pide que se añadan textos o se incluya otro libro diferente).
   En definitiva, en Libro de las precisiones todo fluye en la dirección que su autor ha decidido, no es una colección de poemas agrupados a regañadientes, sino un viento cálido y envolvente, una atmósfera presente en cada momento del texto.
Francisco Cenamor

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