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martes, 4 de agosto de 2009

'Literatura del Sahara Occidental' y 'Los otros príncipes'

Autor: Bahia Mahmud Awah
Categoría: Ensayo
Subcategoría: Humanidades
N° de páginas: 65
Tamaño: 150x210
Precio libro: 9€ Precio Ebook: 2,50€
Pedidos aquí

Este breve estudio pretende ser una introducción a la literatura saharaui, tanto oral como escrita, en hasania (lengua de los saharauis derivada del árabe clásico) y en español. Desde las dos edades de oro de los siglos XIX y XX, caracterizadas por la existencia de grandes sabios que se dedicaron a la legislación, la astronomía, la literatura o el derecho, pasando por los grandes poetas saharauis en hasania, hasta llegar a los escritores saharauis contemporáneos. También tienen una mención especial los escritores saharauis en español, desde la generación de los años 70, también llamada generación de vanguardia, malograda por la guerra, hasta los poetas saharauis de la nueva generación, como los escritores de la Generación de la Amistad saharaui.

Autora: Conchi Moya
Categoría: Narrativa
Subcategoría: Relatos y cuentos
N° de páginas: 224
Tamaño: 150x210
Precio libro: 12€ Precio Ebook: gratis
Pedidos aquí

¿Qué puede resultar de un viaje a unos campamentos de refugiados en medio del desierto? Si el viajero no conoce nada sobre el pueblo con el que va a convivir la experiencia puede ser un completo desastre. A menos que los refugiados sean saharauis. En ese caso la maleta vendrá cargada de emotivas historias y el viajero dejará allí su corazón.

De él han dicho: “En este libro he percibido los colores mágicos del alba, del atardecer y he revivido el placer de pasear de noche bajo la luna. La ternura se palpa en cada una de sus palabras, en cada frase y en cada capítulo. Y el humor y la inocencia del niño que abre los ojos al mundo por primera vez”, Antònia Pons.

martes, 14 de julio de 2009

'El porvenir del español en el Sahara' y 'Delicias saharauis'



Categoría: Ensayo
Subcategoría: Humanidades
N° de páginas: 155
Tamaño: 150x210
Precio libro: 12€ Precio Ebook: 2,50€

Este estudio sobre la situación del español y la literatura saharaui en este idioma supone un punto y seguido para dar a conocer la historia y la realidad actual de la lengua de Cervantes en la antigua provincia española. El idioma español se extiende hoy por todo el planeta; es la segunda lengua más importante del mundo y la tercera más hablada. Hace más de un siglo llegó al Sahara Occidental. Allí engendró raíces, asentó bases de convivencia y dejó un indestructible legado para el pueblo saharaui. En este estudio se recoge cómo fue la implantación del español durante la época colonial y su situación actual en los campamentos de refugiados y en las zonas ocupadas. El español es hoy en día para los saharauis lengua de resistencia frente a la ocupación, y además es el idioma de la cooperación y un pilar fundamental para la diplomacia saharaui.

Otra vertiente del libro es una completa investigación sobre la literatura saharaui en lengua española, desde aquella generación de universitarios en los años 70 que realizaron los primeros relatos y poemas en español de los que se tiene constancia, hasta la actual Generación de la Amistad. Este libro nos acerca así a una literatura singular, escrita en español pero de fuerte raíz saharaui, una literatura heterogénea.


Autora: Conchi Moya

Categoría: Narrativa
Subcategoría: Relatos y cuentos
N° de páginas: 208
Tamaño: 150x210
Precio libro: 12€ Precio Ebook: 2,50€

En este libro, de intenso sabor saharaui, se habla sobre tradiciones, geografía, historia, narrativa y se evocan las esencias saharauis. Expresa un deseo de conocer una cultura honda, mágica y verdadera que merece ser conocida. Fatimetu es una joven saharaui que vive fuera de su tierra. Su jaima de Madrid será escenario de agradables tardes de tertulia en las que la joven desgrana con nostalgia historias de su tierra arrebatada. Los nómadas, el desierto, los valientes viajeros, la fundación de las ciudades, las tradiciones, las zonas ocupadas, las islitas mágicas del sur y las leyendas sobre sirenas y cautivas. Historias del exilio, la cárcel y la guerra, sobre la superación de un pueblo que lucha por recuperar su tierra y por que no le arrebaten su identidad.

De él han dicho: "Este es el lugar por donde pasearías, una maravilla por donde se debe ir alguna vez. Es uno de aquellos rincones por donde encuentras las esencias de todo aquello por lo que luchas. Es como aquella librería a la que irías si buscaras un libro muy especial”, Toni Guirao.

miércoles, 22 de abril de 2009

Conchi Moya y Bahia Mahmud Awah nos dan su visión de la novela de J. M. G. Le Clézio, Premio Nobel de Literatura 2008, 'Desierto'

Conchi Moya y Bahia Mahmud Awah, editores del blog Poemario por un Sahara libre, nos dan su visión de la novela de Jean Marie Gustave Le Clézio 'Desierto'. El escritor francés Le Clézio, casado con una mujer saharaui, fue elegido el pasado año Premio Nobel de Literatura. El libro de Le Clézio, Lal-la Hawa y Chej Ma El Ainin Bahia Mahmud Awah, Generación de la amistad saharaui Acabo de terminar el libro Desierto (Tusquets Editores, Barcelona, 2008) del Premio Nobel de literatura 2008 Jean Marie Gustave Le Clézio. Un excelente escritor que ha sido calificado por la Academia sueca como "un escritor de la ruptura, de la aventura poética y del éxtasis sensual". Y no ha escatimado calificativos la Academia para destacar su trabajo literario en el marco histórico de la novela, esa que trasciende más allá de la interpretación política esquematizada y tendenciosa en la forma de tratar ciertas efemérides en la historia de muchos pueblos, como ocurre con el tema literario que protagoniza su libro Desierto. Le Clézio para esta prestigiosa institución sueca es un indiscutible y brillante "explorador de la humanidad, dentro y fuera de la civilización dominante". Muchos son los motivos para leer Desierto de Le Clézio, partiendo de su condición de Nobel y en cierto caso, por qué no, del lazo social que le une con los hombres libres del desierto, ya que está casado con una mujer saharaui originaria de Saguia El Hamra. El libro Desierto, publicado en 1980, en su primera edición, fue premio 'Grand Prix Paul Morand' que le otorgó la Academia Francesa. Sin embargo creo que la intención para cualquier lector debería articularse sobre el contenido del libro y la “dejada entre renglones” historia que cuenta sobre el éxodo y ocaso del sabio saharaui perseguido en su tierra y obligado a morir en la más trágica condición, anciano, derrotado y decadente en un mísero rincón en territorio marroquí llamado Tiznit. Lugar sumamente inhóspito, fotografiado escrupulosamente por el autor de Desierto en los siguientes términos “…viejos muros de piedra seca, ruinas de casas de adobe en medio de las acacias, algunas de las cuales han ardido, donde el viento en polvoriento pasa en libertad, lejos de los pozos, lejos de la sombra de las palmeras, allí es donde el viejo Chej está a punto de morir”. El derrumbe final de muchas figuras de la historia en las peores condiciones del destierro es una paradoja que se repite. Cristóbal Colon murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506, pobre, enfermo y vencido. Sin embargo creo que el caso más parecido a la muerte de Chej Ma El Ainin, es el del gran poeta Antonio Machado, desterrado, pobre, dolorido, enfermo y derrotado, muere en el pueblecito francés de Colliure el 22 de febrero de 1939. Y la historia desde los orígenes de la humanidad castigó en tales circunstancias más de un caso de motivaciones tanto inquisitorias como políticas “(…) el gran Chej Ma El Ainin va a morir muy pronto. No ven ya más sus ojos, y sus labios ya no pueden hablar. Dirán que el gran chej se halla al borde de la muerte en la casa más pobre de Tiznit, como un mendigo, lejos de sus hijos, lejos de su pueblo”, crudísima descripción literaria sobre el triste final del sabio saharaui, en el libro Desierto. Tanto Chej Ma El Ainin como Machado, ambos hicieron camino de un similar éxodo hacia un norte impróvido y no deseado. En 1909 Ma El Ainin parte de su alcazaba roja de Smara, cerca de la vaguada de Saguia, y se adentra más allá del Río Dra marroquí en las históricas zonas que delimitaban el entonces protectorado francés de Marruecos con el Sahara Español. Cuenta el historiador español Ángel Doménech La Fuente en su libro Ma El Ainin, el señor de Smara que el chej iba declarando la guerra a los primeros intrusos franceses bajo un sentir de guerra santa y llamada a la insurrección, para aglutinar más seguidores y adeptos entre sus correligionarios al saber que los soldados galos se preparaban para cruzar Saguia hacia sus primeras posesiones consolidadas en Mauritania. Pero el sultán marroquí Mulay Abdelhafid, autoproclamado con el apoyo francés suprema autoridad, desautorizaba al que consideraba un ajeno intruso en su lucha más al norte del Río Dra. Y las amenazas del sultán en poco tiempo se cumplieron, moviendo tramados hilos en contra del sabio saharaui, que suponía para él un peligro mediático por el número de partidarios que reunía en torno a su fe yihadista. Perseguido por las columnas francesas del general Moinier y traicionado por el sultán marroquí, que le negó ayuda en la lucha que predicaba contra los intrusos colonialistas franceses en Saguia El Hamra y El Houd mauritano, el chej marchó hacia el norte escoltado por miles de jinetes a camello, todos discípulos o talamid. Se batieron con los franceses en un sangriento encuentro en una zona cerca de Tadla, al pie del Atlas marroquí. El sabio derrotado se refugió en Tiznit, un malquisto lugar en el que agonizó enfermo con ochenta y dos años, pocos días después de su derrota, y donde falleció en brazos de su mujer Maimuna mint Ahmed uld Alién, el 26 de octubre de 1910 sin la compañía de ninguno de sus hijos. Trascurre la novela amparada en la mítica historia de Ma El Ainin, que es novelada en el libro Desierto sin que el autor en ningún momento deje en entredicho la indisoluble identidad saharaui desde el siglo XVII, rompiendo todos los estereotipos con los que se puede confundir al lector con la historia, cuando se trataba del éxodo de un sabio saharaui que se rebela junto a sus discípulos y adeptos desvinculándose del vasallaje a los entonces gobernantes y sultanes franco-marroquíes. Le Clézio, en su trato al éxodo de Chej Ma El Ainin, hace un especial hincapié en que el sabio y sus seguidores huyeron a donde no sabían, acorralados por la bien equipada potencia y su maquinaria bélica estrenada y destinada a engullir cualquier oposición que se interpusiera en su dominio africano. Le Clézio describe en estos términos el impuesto éxodo hacia el norte de Chej Ma El Ainin, que dejó atrás la ciudad que había construido en 1898 y apenas estrenado: “Marchaban sin ruido por la arena, lentamente, sin mirar a dónde iban”. Es evidente que el norte no era la opción acertada para el sabio ni para sus correligionarios y discípulos, cuando sabía de las ilustradas predicciones del erudito Chej Mohamed El Mami al decir: “El Norte tierra de enemistad”. A medida que el lector se va adentrando en el cuerpo del libro irá encontrando dos historias interrelacionadas en el destino, el dolor, las ansias y el infinito amor por la cultura y tierra de origen. La fuerza descriptiva del texto se completa con el inabarcable pasaje del rico y extenso relato literario de la vida de Lal-la Hawa, una mujer originaria de Saguia El Hamra, convertida en puente literario de la evasión, éxodo y trágico fin de Chej Ma El Ainin. Lal-la Hawa, personaje principal, no deja a lo largo de la novela de tener el sueño de todos los habitantes de su inigualable desierto sahariano: “Lal-la ama las dunas, el silencio y, sobre todo, la libertad”. Este personaje conduce dos historias paralelas inevitablemente ligadas en tiempo y forma para que al final Lal-la forje un camino de retorno hacia el sur y sienta su maternidad al lomo de una duna, patria lejos del polvoriento suelo de Tiznit y las colapsadas arterias de Marsella, su ciudad de exilio fortuito por un tiempo. De la misma manera el lector puede subrayar la inconfundible génesis social de los saharauis habida desde tiempos remotos. En ningún momento el autor se alinea a la tradicional literatura gala respecto al tema saharaui ni se refiere a este pueblo como parte o súbdito de Marruecos, sino como los hombres libres de Saguia que no se dejaron dominar por nadie en su espacio. Al final de la novela, en preciosas líneas, el autor define con precisión la libre voluntad de los saharauis y su lealtad en la defensa de su espacio geofísico donde nacieron y al que defendieron ferozmente: “No había límite para la libertad, era tan vasta como la inmensidad de la tierra, hermosa y cruel como la luz, amable como los ojos del agua. Cada día con el primer brillo del alba, los hombres libres regresaban a sus moradas hacia el sur, donde nadie, salvo ellos, sabía vivir”. Le Clézio describe el retorno inequívoco a Saguia de los supervivientes que acompañaban a Chej Ma El Ainin tras su derrota y dolorida muerte en el lugar menos deseado, Tiznit. Entre los saharauis hasta no hace mucho el poder tener y leer un libro era una señaladísima novedad, al ser una sociedad de cultura eminentemente oral. Los afines a la lectura habían de hacerlo buscando las amenas tertulias de doctos ancianos conocidos por su prestigio de hombres de la oratoria, el saber y referencia capital de quienes emanaba toda la sabiduría cultural del nómada saharaui. En el siglo X, tras las cruzadas del Islam, los primeros libros que conocieron los saharauis fueron obra de las tribus que sirvieron de embrionarias para lo que hoy es el pueblo saharaui, los Benimalik y Beni Hasan procedentes de Yemen. El Coran como libro misionero para difundir la religión y de manera tardía entre los pobladores era el que mas cobró importancia y aceptación entre los primeros adeptos a la religión en el Sahara. Y con cierta timidez comenzaron a circular escritos de literatura, sobre todo la poesía preislámica con ciertas dificultades de coexistir con el libro sagrado debido al antagonismo que suscitaba en los maestros que interpretaban El Coran, los llamados tulba o almurabit. Pero más adelante, en el siglo XVIII, sorprendentemente aparecieron los primeros pliegues, libros de autores saharauis como Chej Mohamed El Mami y Chej Ma El Ainin. Todo escrito que pretendía transmitir el saber era para los habitantes del Sahara de inestimable valor. Algunos por un libro daban un par de camellos mientras que otros llegaban a ofrecer de cinco a ocho cabezas de cordero por libro. Se llegó incluso más allá en el interés por aquella nueva cultura escrita. Hubo familias que buscaban otra manera de adquirirlos y así dejaban a sus hijos de aprendices con un almurabit, y al mismo tiempo prestaban servicio a cambio de poseer el libro después de un año o dos de haber sido discípulos. Mi madre contaba que su primer libro le costó a su padre muy caro, lo intercambió con una muy apreciada tela de la que se hacen el turbante y la túnica femenina llamada nisbeisa nila. Una tela suave con tinta azul oscuro que embellece el cutis, muy valorada por los hombres y las mujeres del desierto, pero decía que valió la pena. La osadía de su padre fue un reto para que la hija pudiera leer El Coran y comenzase su andadura en la literatura. Era la intención de los padres nómadas que los hijos diesen sus primeros pasos en el conocimiento religioso y dejasen cabida a lo tradicional para facilitar la interpretación de cualquier otro género del saber. El primer libro de lectura que leí con cierta perplejidad fue Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne. Más adelante en otra etapa de mi vida y no por casualidad caía en mis manos la obra de Cervantes Don Quijote de La Mancha. Hubo una época en la que leía todo tipo de novelas, por citar algunos ejemplos The happy hooker (La prostituta feliz), de Xaviera Hollander, una prostituta holandesa que acabó como escritora, autora y productora teatral. Incluso libros polémicos como Los versos satánicos, de Salman Rushdie, o Nuestro amigo el rey, de Gilles Perrault, otros del género negro como El Padrino, de Mario Puzo, o La orquesta roja, también de Gilles Perrault. Y de la literatura oriental El don apacible, de Mijail Sholojov, o Guerra y paz, de Leon Tolstoi, estos últimos los leí en los años ochenta para huir de la soledad y evitar el mal sabor de la guerra. Otros de gran calado que me marcaron en diferentes circunstancias son Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, o la reciente novela Mira si yo te querré, de Luis Leante, premio Alfaguara 2007. Y la lista es inabarcable. Sin duda Le Clézio es un explorador de la humanidad, dentro y fuera de la civilización, al fusionar dos historias mutuamente ligadas y darle vida entre dos civilizaciones y épocas diferentes. Desierto, como novela histórica, deja buen sabor devolviendo los protagonistas a sus raíces, como la vuelta de Lal-la a sus umbrales huyendo de un inabarcable espejismo diferente al suyo, rechazado rotundamente desde que conoció las ahogadas callejuelas de un antiguo barrio marsellés. Lal-la retorna para volver a restablecer consigo su vida y la de otro ser que palpita en sus entrañas, ambos dichosamente vueltos a sus orígenes y naturaleza, como el regreso de los discípulos de Chej Ma El Ainin tras su muerte. Desierto o el último viaje de Chej Ma El Ainin Conchi Moya, editora del blog Haz lo que debas "Ahora Ma El Ainin conoce la misma soledad, ésa a la que no es posible escapar, y nadie puede aplacar el vacío de su mirada". Admito que no había oído hablar del escritor francés J. M. G. Le Clézio cuando llegó la noticia de que había ganado el Premio Nobel de Literatura. A pesar de intentar conseguir, o al menos tener referencia, de todos los libros que hablen sobre el Sahara Occidental, incluidas claro están las novelas, no tenía conocimiento de su existencia ni de que hubiera escrito sobre el Sahara. En las primeras informaciones que llegaban sobre él se destacaba que el autor estaba casado con una saharaui, y que habían viajado por el territorio para documentarse para un libro, Desierto, basado en la penosa marcha de Chej Ma El Ainin, el sabio fundador de la ciudad de Smara en el Sahara Occidental, junto con miles de saharauis, incluidos niños y ancianos, tras abandonar el sueño que había creado con tanto amor. Ese deambular errante por las fronteras actuales del norte del Sahara y sur de Marruecos, derrotado, viejo y presionado por los franceses y el sultán de Marruecos, fue la premonición del exilio que tuvo lugar más de sesenta años después, cuando gran parte del pueblo saharaui abandonó su tierra para refugiarse de la invasión marroquí en la hamada argelina. La de Chej Ma El Ainin es una de esas figuras llenas de misterio y carisma, que trascienden siglos y fronteras. Hombre del libro, se dice que escribió más de trescientas obras sobre los más variados temas y estilos, para algunos mago, para todos los saharauis sanador y hombre santo. En él se inspiraron para su insurrección los hombres del fusil, ya que incitó incansablemente a la lucha por echar a los cristianos del territorio, en especial a los franceses, establecidos ya en Mauritania y Senegal, y no tanto a los españoles, que por aquellos años permanecían “encerrados” en la costa saharaui y apenas hacían incursiones al interior. Es Smara la gran obra de Chej Ma El Ainin, la increíble ciudad a la que siempre estará ligado su nombre. Pero Desierto apenas habla de Smara, la ciudad de los hombres azules, construida en la vaguada del río Seluan, solitaria y rodeada de pequeñas elevaciones, arena y juncos, con escasas palmeras que alegran un poco la vista del exhausto viajero, y adornada por la vieja mezquita de piedras negras, una joya de belleza inverosímil en medio de la absoluta nada. En la novela de Le Clézio encontramos al Chej saliendo de su ciudad y comenzando el penoso éxodo hacia el norte con sus seguidores. Mediante la minuciosa descripción de Le Clézio sentimos en nuestra piel la sed, el cansancio y el insoportable calor que deben soportar en el camino los que acompañan al Chej en su exilio. El dolor terrible de los pies llagados, el hambre de jornadas sin apenas probar bocado, y la lucha contra una naturaleza extrema, completamente hostil a los que se internan en ella. Cada línea trasmite el sufrimiento de los niños, ancianos y mujeres, el desánimo de los guerreros azules, la pesadumbre del Chej que no consigue encontrar cobijo para él y los suyos en ninguna de las ciudades que visita, en un penoso andar errante hacia el desapacible norte, del que nunca formaron parte los bravos hijos de la nube. En paralelo, el autor nos acerca a la época actual con la historia de Lal-la, descendiente de aquellos míticos hombres azules que acompañaron a Chej Ma El Ainin. En la historia de Lal-la también cobra una enorme importancia la naturaleza, una naturaleza desértica, pero menos dura que la que conocieron los hombres y mujeres que acompañaron al Chej en su marcha, suavizada por la cercanía del Mediterráneo. Lal-la es un espíritu libre, criado entre el desierto y el mar, conoce a todos los animales y plantas que moran en esa calurosa y seca naturaleza, que a pesar de resultar árida y dar la impresión de estar poco habitada, una mirada minuciosa descubre la cantidad de pequeñas plantas y animales que la pueblan. Ella es una extraña en la Cité de chabolas que habita, por su origen, diferente al de sus vecinos. Sin embargo, como hija de la nube, donde no se siente extraña es entre la naturaleza, el mar, las dunas, la breve vegetación o los pocos animales de aquella región. Un embarazo lleva a Lal-la a abandonar la Cité, la joven realiza a su vez un viaje al denominado “primer mundo”. Su marcha le lleva hasta Marsella, una supuesta “tierra prometida”, que sin embargo resulta terriblemente dura para los inmigrantes como Lal-la, una tierra efectivamente llena de peligros reales y soledad. A pesar de que Lal-la acaba encontrando el éxito, finalmente, en una nueva huida, regresa a su pueblo, dejando atrás todo lo conseguido en Marsella. Resulta cierto que para ambos espíritus libres la marcha hacia el norte nunca termina bien. Desierto es ante todo un canto a la libertad, a traspasar las estériles fronteras impuestas por los hombres, aunque esa libertad siempre duele y cuesta, muchas veces, un alto precio. Y también un canto apasionado al regreso a las propias raíces. Jean Marie Gustave Le Clézio es un escritor francés de origen anglo-bretón, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2008. También ha recibido otros galardones, como el Premio Renaudot, en 1963, el Premio Paul Morand, en 1980, y fue elegido en 1994 por los lectores de la revista francesa Lire como el mejor escritor francés vivo. El 9 de octubre de 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca lo calificó como “el escritor de la ruptura, de la aventura poética y de la sensualidad extasiada, investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante”. Ha sido definido por la crítica como “un apóstol del mestizaje, un hombre tranquilo y carismático que se hace querer, un escritor que devuelve su dignidad a los humillados de todas las latitudes”. Según sus palabras “escribir es escuchar el ruido del mundo y viajando se escucha mucho mejor”. Y una frase del autor que me gusta especialmente es ésta: “Hay que seguir leyendo novelas porque son un gran sistema para entender el mundo, un modelo que no es esquemático y que por eso permite hacerse preguntas”, una reivindicación de un género tan maltratado hoy en día pero que muchos seguimos amando.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Editado 'Don Quijote, el azri de la badia saharaui', una antología de escritores saharauis

En un lugar del Sahara, de cuyo nombre quiero acordarme y a todos recordar, no ha mucho tiempo que vive un hidalgo de los de Kalashnikov en astillero, la voluntad como adarga, mehari flaco y dreimisa corredora. Una olla de algo más lagarto que carnero, arroz las más noches, y lentejas lo demás consumen las tres partes de su hacienda. El resto della concluyen tuba de maniya , barrad , darraa de basan , turbante de tubit y sandalias de cuero para las fiestas, los días de entresemana se honra con su uniforme de tropa de lo más digno. Tiene en su jaima a su madre, que pasa de setenta, una sobrina que no llega a los veinte, y una descoyuntada dreimisa que así sirve de rocín como de improvisado lecho en las gélidas noches del desierto. Frisa la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, es de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la libertad. Quieren algunos decir que tiene el sobrenombre de “Marroquí” o “Mauritano”, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por fuentes constatadas, se deja entender que es Saharaui. De esto importa mucho a nuestro cuento, es de añadir que en la narración dél no se sale un punto de la verdad. Zahra Hasnaui, Primera parte del ingenuo hidalgo don Quijote de La Hamada, también llamado del Sahara. Y es en este siglo en el que nos llega el recuerdo de El Quijote desde otras tierras africanas con los mismos valores que hace cinco siglos y en la lengua en la que se escribió. Sorprende y se agradece el empeño de estos escritores saharauis por mantener vivo el español tanto en los campamentos como en las zonas ocupadas y resulta cuanto menos triste -¡El Quijote, caballero de la triste figura!- que la administración e instituciones culturales y educativas españolas les ignoren con frecuencia. Espero contribuir con mi empeño y la ayuda de las instituciones a que se publique esta obra, como ya ocurrió con Versos Refugiados (2006) del poeta de la Generación de la Amistad Bahia Mahmud Awah, y de este modo mantener vivo el interés y el esfuerzo de este grupo de escritores en su defensa de la lengua de Cervantes y de los valores que la acompañan. Una palabra pronunciada es como una flecha, una vez disparada no se puede parar. Carmen Valero Garcés, editora. Prólogo del libro. De quijotesco puede calificarse el afán de los saharauis que desde las zonas ocupadas, los campamentos de refugiados o el exilio en otros países, escriben poesía, relatos o novelas en la que es su segunda lengua, el español. Si para los saharauis supone un considerable esfuerzo mantener la lengua de la metrópoli en la administración y la enseñanza, de titánico y conmovedor se puede calificar el empeño de escribir y no digamos publicar obras en español. Los que olvidan al pueblo saharaui como pueblo árabe africano e hispanohablante, en un olvido que no es por descuido ni es casual, no contaban con el coraje y constancia saharauis para tantas cosas, entre otras, la defensa del español aún sin ayudas. No contaban con el tesón de estos auténticos Quijotes saharauis. Este es su homenaje a esa lengua que también es suya. Conchi Moya

miércoles, 20 de agosto de 2008

Palabras del poeta saharaui Bahia Mahmud Awah en homenaje al fallecido poeta palestino Mahmud Darwish


Le llamaron el poeta de la resistencia, el poeta de la tierra ocupada, el testigo elocuente de anacba alfilistiniya (la tragedia palestina), interpretada en los países del medio oriente y el norteafricano como anacba al arabiya, término que define la cohesión árabe en torno a Palestina como cuestión común.
A finales de los años setenta escuché por primera vez su nombre mientras yo estudiaba en Argelia. Aquellos años del asedio a Yasir Arafat y sus combatientes en Beirut, la guerra que hirió Beirut y profanó los campos de refugiados palestinos en Shabra y Shatila. Sentí y me llegaron sus profundos versos sobre aquella masacre cuando lo vi en la televisión argelina recitando sobre aquellos sucesos. Más tarde, a raíz de mis relaciones con estudiantes palestinos a los que conocí en La Habana y con los que compartí algo en común con ellos, las becas en el exilio, aprendí por primera vez versos suyos cantados por Marcel Jalifa (الحين الي خبزة أمى, Añoro el pan de mi madre) y debo confesar que estos versos me llevaron a recordar el pan, el té y el recitar de mi madre, de la que me encontraba entonces separado hacía once años y sin saber nada de ella. Las razones de nuestra distancia eran las mismas por la que estuvo el poeta separado de su madre y de su Palestina.
Añoro el pan de mi madre el café de mi madre las canciones de mi madre. Día a día la infancia crece en mí. Amo mi edad porque si muero sentiré vergüenza de las lágrimas de mi madre.
Muchos años después leí con más conciencia su poesía en periódicos árabes y la escuché en un programa de literatura que realizaba el fallecido hombre de letras Hasn Al Carmi Man Algail wa malmunaasaba (Quién es el autor y cuál es la inspiración), espacio que se emitía los años ochenta en la BBC de Londres dirigido al mundo árabe, programa en el que se recitaba un poema y se preguntaba por el autor y la inspiración.
En estos últimos años en mi exilio sobradamente conocí quien era Mahmud Darwish, el poeta de la causa palestina que de niño, en 1948, fue despojado por el ejército israelí de su aldea natal, Al-Birwa, en la zona de la Palestina histórica que hoy es Israel.
Leí sus discursos poéticos, Once astros, (أحد عشر كوكبًا) (AECI, Madrid, 2000) un poemario bilingüe, un libro al que, de forma casual, me llevaron las pesquisas en busca de otro del poeta y diplomático sirio Nizar Cabbani. Fue en la Casa del Libro de Madrid cuando en las verdes estanterías repletas de libros se detuvieron mis ojos en un violín, un olivo y una palmera que sobresale de las antiguas paredes de un palacio árabe. Plácidamente leí la hermosa, triste y a la vez rotunda creación literaria donde la tierra, la causa del poeta y su gente están presentes en todo momento.
Los poetas como Mahmud Darwish entre la gente nunca mueren a pesar de los tiempos y las ideologías. Estará siempre vivo entre nosotros con la misma antorcha de libertad que alimentan sus pacíficos versos por la causa y resistencia común, que es la libertad. Como él afirmó “la poesía puede ser considerada como demasiado débil, un juguete que se arroja contra los rifles, pero a menudo es tan buena como la dinamita, cristaliza posiciones políticas mediante líneas que, memorizadas por los viejos y los jóvenes, fortalece la resistencia popular y proporciona eslóganes comunes”.
Descansa en paz, amigo de lucha, de casa arrasada, de aldea natal borrada de la tierra, poeta cantor, voz del pueblo.
Tal vez una tarde cansado de su exilio y con la mirada puesta en Palestina y en busca de Al Birwa escribió estos versos titulados ‘La última tarde en esta tierra’:
La última tarde en esta tierra cortamos nuestros días de nuestros arbustos y contamos los corazones que nos llevaremos y los que dejaremos, allí. La última tarde no nos despedimos de nada, y no encontramos tiempo para nuestro fin.


Poemas de Mahmud Darwish en este blog y artículos sobre su obra

martes, 5 de agosto de 2008

Reseña del libro de poemas 'La música del siroco', de Ali Salem Iselmu


La música del siroco (Um Draiga, Zaragoza, 2008) es la música del alma cuando peregrina ajena a la realidad y en la fusión de los sentimientos renace para arrancar al aire la arena y esparcirla en pequeños versos que desbordan la conciencia, es allí cuando cala inmersa y se sumerge para hundirse en cada uno que la adopta como suya.

Es tan profunda una duna como un poema o una canción que entra en nuestros cuerpos y desaparece como lo hace el siroco cuando se funde con el agua, la palabra es belleza cuando la elevamos al orgasmo del verso y es allí donde vuela inequívoca y desafiante para brotar de nuestros labios.

Dejemos que la palabra acompañe a la imagen y desde el exilio de cada uno seamos capaces de sentir el movimiento de los ojos cuando besan el espejismo del desierto. La música del siroco es una charla permanente con el Sahara, con los camellos, con los beduinos y con el paisaje frondoso de Cuba, intenta mezclarse con el tiempo y rebuscar en las migajas de cada historia para sentirse libre en una plaza de El Aaiun, o en alguna calle de Dajla.

Condenados estamos todos a perseguirnos y ser perseguidos, mientras la poesía viaje de una montaña a otra en busca de una nueva ruta que la lleve al corazón de Tiris para jugar con sus dromedarios y pastores bajo el sonido del relámpago y las nubes.

Ali Salem Iselmu nació el 1 de febrero de 1970 en la ciudad de Villa Cisneros, cuando el Sahara era provincia española. En 1979 su familia se incorpora a los refugiados saharauis en Argelia. En 1982, con varios estudiantes saharauis, obtuvo una beca en Cuba. Desde entonces comenzó a recibir toda su enseñanza en castellano. Primero cursó los estudios de secundaria y bachiller; en esa etapa de su vida tenía especial vocación por las letras y en especial le gustaba mucho la oratoria y la poesía. En 1995 culminó sus estudios en Cuba, después de una larga estancia de trece años dentro de la cual acabó licenciándose en la carrera de periodismo. Concluidos sus estudios regresó a los campamentos de refugiados saharauis y se incorporó al departamento de español de la Radio Nacional Saharaui en el que trabajó como locutor y redactor en la sección de servicios informativos durante cinco años. El 9 de julio de 2005, en Madrid, participó en el nacimiento del grupo Generación de la amistad saharaui, al que pertenece. En la actualidad trabaja y vive en España. Ha participado en las antologías Añoranza, Bubisher, Aaiun, gritando lo que se siente, Um Draiga y Treinta y uno.

lunes, 21 de julio de 2008

Poema del día: "Ramos de tempestad", de Limam Boicha (Sahara Occidental, 1972)

El niño ofrece
con sus ojos,
con el triste brillo
de su rostro,
lo único que tiene.

El niño no tiene nada,
y en medio de la nada
hay un árbol de duna,
el Dios del viento estornuda
y el niño ofrece
a su amigo
de otra cultura
un ramo de tempestad,
lo único que tiene
en esta vida dura.

Limam Boicha en Los versos de la madera (Editorial Puentepalo, Las Palmas de Gran Canaria, 2004).

Otros poemas de Limam Boicha y artículos sobre su obra
El buscador de camellos, Exilio, Ramos de tempestad

*Artículo de Francisco Cenamor sobre la poesía saharaui en castellano

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miércoles, 16 de julio de 2008

Palabras de Antonio Polo, director de 'Ariadna-RC', en la presentación del libro 'Nómada en el exilio', de Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu


Por tercera vez tengo el privilegio de participar en un acto de presentación relacionado con la poesía y la cultura saharaui. Y hoy la satisfacción, si cabe, es doble por dos motivos: En primer lugar, como escritor, porque presento a un extraordinario poeta, y por otra, como editor, porque se trata de la obra de un poeta saharaui.

La primera vez que me acerqué a la cultura de este extraordinario pueblo, he de confesar que lo hacía con una aproximación distinta, al menos a priori. Me seducía la idea primera de hacer justicia, de acercar a los lectores una realidad cubierta de polvo, vergonzosa y olvidada, desconocida, para ser honrado, y me lancé a la arena con un cierto grado de inconsciencia. Si no hubiera sido por la ayuda de dos extraordinarias personas: de Conchi Moya y de Bahia Mahmud Awah me hubiera perdido, nos hubiéramos perdido una oportunidad de oro. “¡Que sí Antonio, que hay un puñado de poetas saharauis!” –solía decir Bahia- “¡Que hay poetas saharauis muy buenos! ¡Que sí, que además escriben en español! ¡Que son saharauis, Antonio, que son poetas! ¡Verás qué monográfico va a salir!” Y me lo decía con una amplia sonrisa, con esa tranquilidad pasmosa que también compartimos andaluces y saharauis.

Este fue el primer poema de un poeta saharaui que leí, una noche de verano, hace ahora cuatro años. Se titula:

Mi mundo

Me detengo
en las esquinas de la nostalgia
para ver desfilar a las serpientes
que me envenenaron.
Me asomo
a las venas de la noche
y veo todos los ojos tristes
que me han mirado.
Miro a mi alrededor
y sólo veo reptiles
que se disputan el corazón
de una muñeca de trapos.
Me miro por dentro
y veo a un hombre
ahogarse en las heces
de un cuarto de siglo.
Luego me desnudo
y salgo a tomar café,
a amar a la noche
en la soledad de un cementerio.

Este poema, que es casi una declaración de principios, conjuga todos los elementos que son comunes a los nómadas y los exiliados: los sueños, la añoranza, la memoria. Y es que uno no es consciente de la fuerza de esos versos de Ebnu (Mohamed Salem Abdelfatah) hasta que no ha tenido la oportunidad de contemplar el atardecer desde un cementerio saharaui.

Ayer, mientras preparaba esta introducción, asistí, como muchos de vosotros a otra declaración de principios, decidida también y vitalista, como la que ha venido protagonizando Ingrid Betancourt a lo largo de otro penoso exilio. Y si la cárcel de todo lo que ella representaba tenía un muro verde de manglares y vegetación, el que representa el de Ebnu en su fiereza amarilla de polvo y pedregales me parecía a mí que en diferentes contextos venía a ser lo mismo. Porque no nos equivoquemos, hablamos de lo mismo, de los sueños, la añoranza, la memoria. Sin embargo, hay algo distinto entre lo que representa Ingrid Betancourt con lo que representa a Mohamed Salem Abdelfatah, y es que Ebnu no tiene pasaporte francés. Y es que él, que tiene la generosidad de obsequiarnos su poesía en la lengua de Cervantes, en cambio las distintas Administraciones que esta lengua representa ha hecho gala de una tibieza a lo largo del último cuarto de siglo que no tiene calificativos.

En todo caso, en Nómada en el exilio (Asociación Cultural Almenara, Málaga, 2008) resuenan con rotundidad las voces que gritan en el desierto, en la hamada argelina, el peor trozo de tierra del planeta. En los poemas recogidos en la obra, transpiran los sueños de libertad del pueblo saharaui, con versos enérgicos y vitalistas, como los colores de las melhfas que visten sus mujeres en el desierto.

Quiero ahora dirigirme expresamente a los asistentes a esta lectura. Quiero deciros, ahora que tenéis la oportunidad de asistir a esta presentación, que miréis directamente a los ojos de Ebnu, luego esperad a que la pulpa fresca de su sonrisa deje paso franco a sus versos. Escuchadle atentamente, y veréis como de entre cuyos versos y de entre cuyas manos surge, sin duda, la palabra “sueño”, esa que está escrita en el frontispicio amplio de una generación llamada, por derecho propio, Generación de la Amistad.

Antonio Polo, director de la revista literaria Ariadna-RC

lunes, 23 de junio de 2008

‘El cuerpo sin sombra en el exilio’, un artículo del escritor Rafael Suárez Plácido sobre el nuevo poemario de Manuel Moya

No conozco a ningún otro escritor español con tantos registros y todos de tanta calidad como Manuel Moya. A sus relatos y novelas, a la poesía que firma con su propio nombre, donde encontramos al poeta que mira asombrado el mundo desde su pueblo natal, Fuenteheridos (Huelva, España), y también al que viaja a las islas más cercanas y más lejanas, (Interior con islas, editado en Pre-textos), añadimos la voz oscura y desgarrada de Violeta C. Rangel en La posesión del humo (Ediciones Hiperión) o el más reciente Cosecha roja (Editorial Baile del Sol). Cuando el presidente del jurado del III Certamen de Poesía 'Vicente Presa', Luis Alberto de Cuenca, abrió la plica correspondiente al libro que habían premiado y que llevaba por título El sueño de Dakhla (Poemas de Umar Abass), me imagino una mueca de sorpresa y una franca sonrisa cuando vio el nombre del autor, la misma agradable satisfacción que sentimos cuando leemos el poemario, editado por la sevillana Algaida Editores, que cumple diez años editando buena poesía bajo la atenta mirada de Miguel Ángel Matellanes.
Dakhla es una de las ciudades más importantes del Sahara Occidental, actualmente invadido por Marruecos con la aprobación mal disimulada de las potencias occidentales. Umar Abass, poeta saharaui, de Dakhla, prácticamente no ha vivido allí, "Me sé atrapado, compañera,/ por eso debo masticar cada mañana/ la sal y el cuerpo sin sombra del exilio,/ las nubes que a la demencia me empujan,/ el viejo sueño de despertar en Dakhla". Recuerdo el hermoso librito de Claudio Guillén, El sol de los desterrados, y reconozco a Umar Abass entre sus posibles personajes. Para él el exilio es su única obsesión, "Pero todo es volver a lo conocido,/ hacia lo mío, hacia lo amado,/ un lugar, un tiempo fuera de la mente". Varias citas del gran poeta sufí, Yalal Al Din Rumí, nos acercan al tipo de poeta que es Umar Abass. Uno de sus temas, estrechamente relacionado con el exilio, será la libertad que simboliza en el río, en los pájaros, en los propios saharauis que desde los campamentos, en este caso desde Tindouf, se niegan a conformarse con su realidad, "Nada sabe Adine del sol sobre los bosques,/ y a veces sueña con pájaros azules/ que, dormidos, se posan en la nieve./… Nada sabe Adine y ha pintado en la palma de su mano/ una alada y temblorosa barquichuela".
El tema por excelencia de toda la poesía árabe y en especial de la sufí es la amistad, ya lo encontramos en una de las más hermosas citas de Rumí, "Qué dulce es hablar y discurrir, conversar con sus labios,/ especialmente cuando abre la puerta y dice, ‘Pero amigo, entra’". Para el hombre del desierto la amistad está íntimamente unida a la hospitalidad, a la casa propia, que se abre de par en par ante el amigo y así lo vemos en varios poemas del libro, y a la del amigo, que siempre podemos sentir como nuestra. En el poema 'Al viejo Firdausi' encontramos este segundo caso, unido a la sabiduría que dan los años y la discreción, "Nunca pregunta. Con timidez/ señala hacia las dunas,/ en ellas, dice, se halla la respuesta,/ …". Pero la vida es una espiral que siempre empieza donde acaba, y del tema de la casa propia se pasa al tema que da título al libro, la ausencia de esta o la pérdida o el sueño de volver a habitarla, "La casa de tu padre será siempre tu casa". Y también, a veces, sabemos que nunca volveremos a ella, "Alguna vez al hombre (pero no a todos los hombres)/ le llega la esperanza de una casa propia./ Allí, piensa, podré tender mi ropa,/ ver cómo pasa el invierno en la tarde que avanza".
El sueño e Dakhla, estos poemas tan hermosos y sencillos, la aparente sencillez de los versos de Manuel Moya, que nos ofrecen propuestas inteligentes, miradas profundas y emotivas al mundo que nos rodea y que a veces no miramos porque lo tenemos ahí, delante de nuestros ojos, versos "para saber que sólo lo vivo hace temblar lo vivo,/ como el leve pájaro la rama donde se posa".
Rafael Suárez Plácido, en Huelva Información


viernes, 30 de mayo de 2008

Repaso semanal a los blogs y webs más interesantes

No sabes nada del viento es el blog personal de la joven poeta Bárbara Butragueño, en él nos ofrece sus poemas así como las actividades en las que participa, entre otras, sus recitales en la Red de Arte Joven de la Comunidad de Madrid.
Por su parte, la poeta argentina Norma Segades, nos ofrece en tres distintos blogs tres de sus libros de poemas: Historias para Tiago, Bitácora del viento y A solas con la sombra.



jueves, 13 de septiembre de 2007

'Por qué escribo poesía', por Francisco Cenamor

Pocas veces me he planteado por qué escribo poesía. Tengo dos libros publicados y he participado en diversas antologías. Cuando se publicó mi primer libro sentí algo especial, una realización personal. Pronto pasó. Mi segundo libro me hizo sentir extraño; no consiguió colmar cierta ansia de absoluto, pero me ayudó a descubrir eso precisamente, que escribía por cierta ansia de absoluto.
Descubrir que otros leían y hacían suyos mis poemas me colmaba el alma. Estar, de alguna manera, con otros, era la verdadera satisfacción que encontraba como escritor. Pero recientemente, pasó algo que me hizo descubrir, definitivamente, cual era mi verdadero deseo como poeta.
Buscando en internet páginas donde pudieran haber publicado poemas míos encontré una ponencia de una estudiante de Educación Social de la Universidad de Huelva en la que contaba como se había ido gestando un proyecto para enviar monitores y material a un campo de refugiados saharauis en Argelia. Habían decidido llamar al proyecto Ángeles sin cielo, el título de mi segundo libro publicado. Cuando lo descubrí lloré, lloré durante los minutos que tardé en leer la ponencia. Nunca antes había podido sentir el verdadero sentido de mi poesía. Y no era yo el que le había dado sentido, sino otros, unos jóvenes deseosos de ayudar a los que no tienen nada.
Lo más curioso de este asunto, es que esto había sucedido al margen de mis buenas relaciones con el mundo de la solidaridad con los saharauis, la única nación árabe (hoy sometida y tiranizada por el Reino de Marruecos) de habla hispana, el único lugar en el mundo donde nuestra entrañable peseta sigue siendo una moneda de curso legal. Estos jóvenes solidarios, cuando nombraron su proyecto, no sabían que yo era amigo de algunos de los poetas de la autoproclamada Generación de la amistad, un encuentro de poetas saharauis exiliados en nuestro país que escriben su poesía en castellano.
Quiero, desde aquí, darle gracias a estos jóvenes de la Universidad de Huelva por haberle dado sentido a lo que escribo.

domingo, 17 de junio de 2007

Poema del día: "Exilio", de Limam Boicha (Sahara Occidental, 1972)

Este exilio
es una larga estación de adobe.

Se derrama por el camino
y se abrasa.

Se arruga
entre los colmillos
de piedra bajo piedra,
sin salida aparente.

El pan que antes se disputaba,
ahora se entrega a las cabras
como húmeda recompensa.

Es difícil que esta calurosa
agua contaminada
alcance toda la hilera
de garrafas y mariposas.

Mañana volverá
la cisterna,
con su reserva de iras
y antiguo catarro.

Un hombre formalizará
otra concesión
amasada de adobe
en el viejo molino de Rabuni.

Mientras, esperamos
las migajas
de una paz en desuso.

Limam Boicha en Los versos de la madera (Editorial Puentepalo, 2004).

Otros poemas de Limam Boicha y artículos sobre su obra
Exilio, Ramos de tempestad

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viernes, 15 de junio de 2007

Editado el libro del poeta saharaui Bahia Mahmud Awah “Versos refugiados”

Versos refugiados (Universidad de Alcalá de Henares, 2007) es el título del libro de poemas que acaba de publicar el poeta saharaui Bahia Mahmud Awah, uno de los integrantes de la Generación de la amistad, grupo poético de saharahuis que escriben en español. El libro se publica dentro de la colección Poesía saharaui contemporánea.

Está prologado por Carmen Valero, Directora del Departamento de Filología Moderna de la Universidad de Alcalá de Henares; Maribel Lacave, escritora y poetisa canaria y Mohamed Salem Abdelfatah, Ebnu, escritor saharaui, miembro igualmente de la Generación de la amistad, y que nos dice en su prólogo al libro que “Versos refugiados, es además de un hermoso regalo literario, una caricia en la frente sudorosa del pasado, una tormenta, un siroco o un vendaval que cruza por el presente, con dirección al futuro. Nos enseña las identidades del dolor, la constante espera, los sueños rotos, los infinitos sufrimientos del exilio; y a la vez nos regala la inagotable ternura, su esperanza en un futuro mejor y sus convicciones, la paz y la libertad”.

Bahia Mahmud Awah nació en 1960 en Auserd, Tiris, región sur del Sahara. Realizó sus estudios de bachillerato entre el Sahara y Argelia, con maestros españoles y saharauis. Tras terminar sus estudios de Telecomunicaciones en Cuba regresó a los campamentos de refugiados saharauis donde dirigió las programaciones en español de la Radio Nacional saharaui durante cuatro años. En 1998 se trasladó a España y en 2001 puso en marcha el proyecto informativo “Poemario por un Sahara Libre”, con el que participa en diferentes eventos culturales. Sus poemas aparecen en las antologías de poesía saharaui Aaiun, gritando lo que se siente (Universidad Autónoma de Madrid, 2006) y Um Draiga (Diputación de Zaragoza, 2007). Es autor de varios artículos sobre la cultura saharaui, publicados por la revista literaria Ariadna-RC y ha realizado diversas colaboraciones con la revista Espacios Europeos.

El libro se puede adquirir en el Departamento de Filología Moderna de la Universidad de Alcalá de Henares (traduccion.sspp@uah.es); en la Fundación General de la Universidad de Alcalá de henares (C/Imagen, 1-3. 28801-Alcalá de Henares, Madrid); y en Cultura africana (C/Doctor Mata, 1, Madrid, zona Atocha, info@culturafricana.com).



viernes, 8 de junio de 2007

Publicado el libro “Sahara en el corazón", del poeta saharaui Sas Nah Larosi


Un nuevo libro de poesía saharaui ha sido editado recientemente en España, se trata del libro Sahara en el corazón, del poeta Sas Nah Larosi.
El trabajo de publicación surge después del viaje de un grupo de amigos de Madrid a los campamentos en febrero de 2007, como homenaje al pueblo saharaui, para dar a conocer el dolor y la esperanza en la que vive.
El poeta Sas Nah Larosi se desprende de su obra manuscrita recopilada en un cuaderno, como regalo a quien le visita como amigo por haber acogido a su hija durante unos días. Como dice uno de aquellos amigos que visitaron al poeta, “aunque no fue una de las caravanas más atacadas, Sas recuerda como siendo un niño de apenas seis años, en la desesperada huída, algunas veces tenían que esconderse al amparo de las dunas, envueltos en los miedos de los adultos, mientras que los vehículos que los transportaban trataban de desorientar a los aviones marroquíes que bombardeaban con fósforo y napal a la población civil.
“El autor me entregó el manuscrito en la jaima de su hermana Nanna Nas Larosi, directora del colegio Balla Ahmed Zein, en el campamento de refugiados de Smara, después de recitar algunos versos a la luz de un fluorescente alimentado por baterías.
“La cubierta es el facsímil del cuaderno en el que fue escrito el texto en español, la traducción al árabe es posterior”.
Sas estudió en Cuba y se graduó como técnico superior informático, habla español, árabe, francés e inglés, actualmente vive en Menorca, tiene residencia española de momento por seis meses.
La publicación, que está en español y árabe, tiene un precio de 6€ íntegramente a beneficio del pueblo saharaui; podéis dirigiros para hacer peticiones a almeida@graficasalmeida.com.