como bíblico encanto de mis horas solemnes.
Y allá en mi tarde amiga, sin el amor que espero,
por mis jardines muertos caminaré doliente.
Serenidad de ocaso. ¡Oh, tarde pastoral
que iluminas mi celda en un rojo que muere!
Están las rosas secas en mis otoños trágicos,
y en un coro de sombras se canta Miserere.
Me quedará el recuerdo de mis albas nostálgicas.
Cenizas de otro tiempo que mis horas contienen
en esas emociones de los oros ya pálidos.
Y entre todos los oros, me quedará tu nombre.
Andrés Carranque de Ríos en Nómada (1923), incluido en Obra completa (Ediciones del imán, Madrid, 1998, ed. de José Luis Fortea).
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