Para dejar de ver: el pensamiento.
Me voy tras de una carta que no escribo
o alguien que pasa y sigo con los ojos
por el camino mal iluminado.
Bálsamo de triste distraerme
porque me relevo sin lograrlo:
Diosa del tinglado en la alameda
junco que mora en el río inciertamente
metáfora del opio en equilibrio.
Empero la verdad, siempre entreabierta,
todo lo recrea sin delirio.
"No hay un mañana" susurra la mañana
y acontece, relámpago yacente
sobre el porvenir y la evidencia.
Aguardo conmovida en esta casa
trepar de lo falso al infinito
por el mismo peldaño de ir al cuarto
frente a los árboles de la coronación
que mansamente el sol posa en las ramas.
Mirtha Defilpo, incluido en Poetas argentinas (1940-1960) (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2006, ed. de Irene Gruss).
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