de la iglesia penitencial
y armado
también cercado
de días como llamas.
Aquel a quien escarnece
el polvo del derrumbe
y los cuervos
comen los ojos
hundido hasta el cuello
en los aceites
vitandos.
A quien en el ultraje
como una epítima
menesterosa
los jueces llamaron
el Poeta
vistiéndolo de miel
y plumas huracanadas.
Vivir es devorar.
La boca del Héroe condenada está
a conocer cien muertes
ejercidas por el coro
de inexistencias.
Los cancelarios del templo
le negaron la puerta
calafateándola
de sorna.
Y sólo el Gran Viejo
del Siglo pasó
por el rostro en derrota
sus dedos
de grandeza.
Un solo grano
de impureza
hará de su noble
substancia
motivo de escándalo
había dicho
la Ardiente Voz
de Avon.
Él enviaba ya
en su defensa
un ángel de oro
flamígero.
Sabía por qué sangraban
sus manos
con esa pólvora secreta
que quema
lo que toca.
¿Y esas lámparas que arden ahora
en la lengua
de los sensatos?
¿No son los mismos
que ayer entapujaban
como objeto de trastienda
los pañuelos
impúdicos?
Los inseducidos
prescribiendo
sangrías
al poema.
Quisiera despertar
en esta Casa de los Limbos
el Donador
y reír
como un delito
rodeado por los gatos
del sarcasmo.
Quisiera sentir
que se parten los
muros con su risa
mientras la luna
golpea
en su garganta
o canta
el vino de la muerte
corriendo por las calles
del martirio.
Desde el fondo del
Infierno
levanta la copa
inmemorial
colmada
de ascuas.
Y reluce el Donador
se lo ve
reluciendo en el fuego
como un lirio
de los lupanares.
Óscar Cerruto, incluido en El árbol y la piedra. Poetas contemporáneos de Bolivia (Monte Ávila editores, Caracas, 1986, ed. de Eduardo Mitre).
Poemas de Charles Baudelaire en el blog
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