Ponte de pie, hunde en las raíces
la luz de la naturaleza
piensa a largo plazo, ve por las ramas
recuerda el lugar entre los seres vivos
que el diseño de tus hojas dé calor al humano.
Abraza con alegría los cambios de estación
cada uno produce su conveniente abundancia
que trompetas irisadas suenen en el viento
y atraviesen fronteras.
Quiero verte alborotando:
el brío y el comienzo de la floración,
el crecimiento y el regocijo del estío,
la conciencia de dejar ir las hojas en el otoño,
la lentitud y renovación serena del invierno.
Siente el viento y el sol
deleita los ojos entristecidos
de olvidos y pesares
mira la luna que deslumbra
en el misterio de la noche.
Busca alimento en las cosas buenas
placeres simples, tierra, aire fresco, luz,
bebe mucha agua y deja tus extremidades
balancearse y bailar en la brisa.
2
He llegado a la línea donde remata
la nostalgia
y la gota de llanto se trueca en piedra caliza
desde ahí la amapola
es delicada inmortalidad.
Hay espectros a los que uno tiene
ganas de asomarse,
como a un ventanal lleno de luz.
En el núcleo de todo arte
hay una añoranza primaria
para calmar malestares y dolores
hasta que la misma es declarada ilegal.
La nevisca del aliento
tiene grumos de épocas idas
escenas que se hundieron en la sombra,
es tu colorido brillante
y el dominio de serranías que calman
en el albor del que cavila.
¡Qué nos cuesta entregar
los umbrales de todas las puertas!
Lidia Mansilla Valenzuela, incluido en Liberoamérica (2 de enero de 2021).

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