lunes, 15 de junio de 2026

Poema del día: "Después del funeral", de Dylan Thomas (Gran Bretaña, 1914-1953)


                                    A la memoria de Ann Jones

Después del funeral, alabanzas de mulos, relinchos,
Golpes de viento de orejas como velas, golpeteo
De casco amortiguado,
Alegre golpeteo de una escarpia en el grueso
Pie de la fosa, que entrecierra los párpados, dientes en fondo negro,
Saliva de los ojos, salitre de las mangas,
El chasquido matinal de la azada
Que ha despertado al sueño
Zamarrea a un muchacho desolado
Que en lo oscuro del ataúd
Se corta la garganta goteando hojas secas,
Que ha sacado a la luz un hueso con un golpe de juicio
Tras el festín de cardos y horas rellenas de lágrimas
En una estancia con un zorro disecado y un helecho podrido.
Sólo por este funeral me veo solo
En las horas llorosas
Con Ana muerta y encorvada
Cuyo cubierto corazón de fuente
Se deshiciera en charcos por los mundos
Agostados de Gales y ahogara a cada sol.
(Mas para ella es ésta una imagen monstruosa
De elogio ciegamente exagerado.
Su muerte fue una gota inmóvil.
Ella no me hubiera dejado que me hundiera en la santa
Corriente del prestigio de su corazón.
Ella se tendería muda y honda
Porque su cuerpo roto no necesita druidas)
Pero yo, el bardo de Ana en un hogar llameante,
Llamo a todos los mares a oración
Para que la lengua de madera
De su virtud susurre
Como una boya de campana
Sobre las cabezas de los que entonan himnos,
Abata las murallas
De los bosques de zorros y de helechos
Para que a través de una parda capilla
Su amor se mezca y cante,
Y bendiga con cuatro aves de paso
A su alma doblegada.
Mansa como la leche fue su carne,
Pero su estatua que apuntaba al cielo
Con el seno salvaje y la bendita
Gigante calavera
Está esculpida en ella misma, en una estancia
Con una húmeda ventana.
En una casa de vehemente luto,
En un año tortuoso.
Yo sé que sus gastadas y humildes manos ásperas
Yacen crispadas religiosamente,
Su susurro inconsútil en un húmedo mundo,
El hondo hueco de su juicio,
Su rostro como un puño contraído
Alrededor de una pena redonda;
Y tiene Ana en su escultura
Setenta años de piedra.
Estas manos de mármol, empapadas de nubes,
Este monumental argumento
De la voz esculpida, del ademán y el salmo,
Me asaltarán por siempre sobre su fosa hasta
Que el pulmón disecado del zorro se contraiga
Y grite “Amor”
Y el helecho aventado deje caer semillas
Sobre el oscuro surco.

Dylan Thomas, incluido en Antología de poetas ingleses modernos  (Editorial Gredos, Madrid, 1963, trad. de Aquilino Duque).

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