el rumor de la marea,
vendavales de dolores
traen sus olas turbulentas.
Son lamentos y sollozos de incontables muchedumbres
que sufrieron el martillo bajo el yugo de la fuerza.
Viene henchida de agonía...
¡Ya se acerca!
I
Es el grito del minero que sucumbe
asfixiado por el fuego en la entraña de la tierra,
siendo el lodo del abismo tenebroso su mortaja;
no dejando más que el hambre
por herencia.
II
Es el grito del que cae de una cumbre del palacio
jaspeando con su sangre el vestíbulo de piedra
donde luego, vanamente, clamarán sus pequeñuelos
cuando vayan mendigando
por las puertas.
III
Es el grito sin consuelo de la inmensa desventura
de la virgen que se vende, de la virgen que se entrega
fustigada en su abandono por el látigo del hambre,
y agobiada de cansancio
y de miseria.
IV
Es el llanto de amargura de la infancia sin amparo,
que tirita, escarchada por el hielo su cabeza,
disputando fieramente con los perros vagabundos
el mendrugo enmohecido
de la cena.
V
Son los ayes de los pobres, desvalidos viejecitos
que agotaron, trabajando como honrados, la existencia
y se mueren solitarios en rincón abandonado,
siendo escarnio de los hombres.
Su tristeza.
VI
Son los gritos de los seres humillados y vencidos
que formaron hondos mares con sus lágrimas de pena;
hondos mares tormentosos, de corrientes desbordadas,
donde rugen huracanes
y centellas.
Ya se escucha en las orillas
el rumor de la marea;
no habrá rocas, ¡ni aún las altas!
que resistan los embates de sus olas turbulentas.
¡Viene henchida de agonías!
¡Ya se acerca!...
Rosario de Acuña en Don Quijote (n.º 9, 18 de febrero de 1902), incluido en Romancero de mujeres poetas de la guerra de España (1936-1939) (Ediciones Espuela de plata, Sevilla, 2026, ed. de Serge Salaün).

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