y la estrella que gime en tierra oscura;
una secreta herida de ternura
y el camino interior del pensamiento.
Tu nombre fijo, tu divino intento,
la suelta voz que llega, larga y pura,
este compás de sangre, que asegura
tus cantos recogidos en mi acento.
Dulce don invisible para el día
de la flor y la erguida melodía,
con el pájaro leve y la campana.
Lo diste sin saber, pero se advierte
que te sigue, imantado hasta la muerte,
el paso fiel y dentro de tu pequeña hermana.
Claudia Lars en Nuestro pulsante mundo (1969), incluido en Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-1960) (Visor Libros, Madrid, 2016, ed. de Raquel Lanseros y Ana Merino).
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