en la que tan sólo existiera el arte abstracto,
en que la representación de la supuesta realidad
todavía no se hubiera inventado.
En los museos y también
en nuestras paredes habría líneas bellísimas
y superficies cautivadoras. Entonces de repente
un tal Mondrian se vuelve senil y en su menguante
consciencia surge la demente ocurrencia
de que podría intentar capturar en acuarela
una rosa o un crisantemo.
Es más, él mismo casi se convierte
en flor, tal es su capacidad de sentir la floración
y el mustiarse en su interior. Con una pistola
fuerza al público a entrar a mirar su obra.
Los críticos no saben qué hacer, auguran
incluso oro y brocado al óleo. ¡En lienzo!
Sobre el cual jugará la luz eterna. Ese crisantemo
sería de un desarrollo de largo alcance apenas
el vacilante primer brote. ¡Alerta!
Judith Herzberg, incluido en Altazor. Revista electrónica de literatura (1ª época, año 3, junio 2021, Chile, trad. de Ronald Brouwer).

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